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Historia / Ocupación humana


El conjunto histórico de Olèrdola (Olèrdola, Alt Penedès) Resumen de su historia


La investigación arqueológica en Olèrdola

 

La importancia histórica y arqueológica del conjunto de Sant Miquel de Olèrdola es muy conocida desde el siglo XVIII. Las primeras excavaciones se realizaron a finales del siglo XlX, pero no fue hasta el año 1983 que empezó una etapa continua de intervenciones que dura hasta hoy.

 

Hombre y entorno. Una unión indisociable

 

Si el hombre ha ocupado la montaña de Sant Miquel de Olèrdola a lo largo de 4.000 años ha sido porque ésta le ofrecía, en determinados momentos, unas claras ventajas en relación con los lugares del entorno y conforme a sus necesidades económicas, políticas y sociales. Entre los elementos naturales destacaríamos la propia montaña, rodeada de altos acantilados, la presencia de agua (la fuente del castillo) y el dominio territorial.

 

Las etapas de ocupación

 

Las primeras manifestaciones de ocupación de la plataforma de Olèrdola se remiten al calcolítico - inicio de la edad de bronce (1.800 a.C). Los escasos restos no permiten definir las características del asentamiento humano, pero probablemente se trate de ocupaciones temporales, esporádicas, relacionadas con la actividad ganadera.

 

En los inicios de la edad de hierro (s. VIII a.C.), la ocupación de Olèrdola toma una forma más estable con la construcción de un gran muro que cierra la plataforma rodeada de acantilados. Con la ejecución de este muro de barrera se define un espacio considerable de 3,5 hectáreas que se convertirá en la base referencial de ocupación de posteriores asentamientos. Hay que presuponer una ocupación dispersa, en cabañas, probablemente ubicadas cerca de la fuente de agua y de la muralla. Esta muralla no debería entenderse como una estructura de tipo militar, defensivo, sino como la valla de un espacio, probablemente con funcionalidad de redil o cercado; un recinto en el que guardar el ganado. Podemos deducir que la muralla se elevó más bien en función de lo que pretendía limitarse (en este caso una superficie de 3,5 ha), y no de lo que quería protegerse del exterior. Nos encontramos, pues, en una sociedad cuya base económica está mantenida por la ganadería, y en la que ésta permite un excedente económico y el desarrollo del comercio. Esta situación lleva a una creciente jerarquización social.

 

En época ibérica (s. VI-I a C) el territorio del pueblo de los cesetanos se encuentra ya plenamente estructurado y jerarquizado. Desde el poder de una gran capital (Kese, probablemente Tarragona), la población se reparte en poblados de diversa categoría y establecimientos rurales y de artesanos. El oppidum de Olèrdola sería un poblado grande, amurallado, con otros asentamientos menores a su alrededor.

 

Probablemente, la ganadería continuó teniendo un papel importante en estas primeras etapas ibéricas, tal como parece denotarlo la presencia de una curtiduría y/o tintorería cerca de la entrada del recinto. Tanto el curtido de pieles como el tinte de lanas son actividades -especializadas- que cabe asociar con la presencia de rebaños. La actividad agrícola debería ser también importante y estar controlada por la aristocracia local, pero ni la producción ni el almacenamiento ni, probablemente, la comercialización debían realizarse directamente en el poblado, sino en otros puntos del territorio más favorables.

 

La organización territorial y social empieza a cambiar a partir de siglo II a.C., especialmente durante la centuria siguiente, con la llegada de los romanos a la Península Ibérica. Los íberos no abandonan Olèrdola, pero poco a poco adoptan las nuevas costumbres y conviven con los soldados romanos.

 

Durante el siglo I a.C. conviven en Olèrdola los íberos y los soldados que se ocupan de la fortificación romana. En este momento se levantan obras de infraestructura (la muralla, la cisterna y la torre atalaya) directamente planificadas y dirigidas por la autoridad romana, que tendrán, no obstante, una breve etapa de pleno funcionamiento (poco más de 50 años), con utilizaciones residuales o secundarias durante el alto y bajo imperio. El castellum de Olèrdola estaba directamente relacionado con la protección militar y el control del territorio y las vías de comunicación alrededor de la capital, Tarraco.

 

Es probable que durante la antigüedad tardía se empezara a recuperar Olèrdola, aprovechando las construcciones antiguas. A partir del siglo X, en la Alta Edad Media, se produce una verdadera actividad de monumentalización y concentración de la población en la montaña. En los textos de la segunda mitad del siglo X Olèrdola aparece ya como un lugar perfectamente organizado y con un gran territorio -término castral- a su alrededor: unos 200 km?. Este momento álgido de la civitas Olerdula, entre los siglos X y XI, viene determinado por la situación fronteriza y por la necesidad del condado de Barcelona de organizar y controlar su territorio por el lado Sur.

 

De esta etapa se han conservado restos notables de arquitectura en piedra -el aula del castillo, las iglesias románica y prerrománica de Sant Miquel y la muralla perimetral-, pero también restos de viviendas, de tinas de grano y, especialmente, de las conocidas tumbas antropomorfas, también llamadas olerdolanas. Este característico tipo de sepultura se encuentra tanto en la necrópolis del interior del recinto como en la que se encuentra en el barrio que queda fuera de las murallas, en el Pla dels Albats.

 

A partir del siglo XII, con el avance de las fronteras cristianas hacia el Sur, Olèrdola se abandona gradualmente y su población se distribuye por la llanura, pasando el relieve a la emergente Vilafranca.

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Mapa del parque

Mapa de olerdola