Historia/Ocupación humana


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Autor: Arxiu XPN

La historia de los primeros habitantes de la región es el resultado de una fusión entre cazadores y nómadas que debían aprovechar los abrigos naturales. Un conjunto de excavaciones y estudios en las grutas y abrigos del valle Sau, como por ejemplo el Cingle Vermell y las grutas de Bolà, han aportado datos sobre la presencia humana en el paleolítico. Los megalitos y tumbas, como los de Puigsseslloses, en Folgueroles, demuestran la continuidad en el neolítico. Durante el primer milenio antes de Cristo la cultura del bronce penetró en la zona, en la que abundaron los poblados fortificados, como puede derivarse de las excavaciones del Castellet de Folgueroles. La agricultura y la estabilidad del poblamiento se hacen evidente en restos como el del sepulcro de Mas Palou. Durante la época de los íberos fue la tribu de los ausetanos la que se extendió por la zona. Esta tribu disfrutó de autonomía hasta que se vio obligada a luchar contra los cartagineses primero y contra los romanos después, antes de que fuesen asimilados entre 183 y 110 a.C. y obligados a vivir en los llanos. Los poblados ausetanos conocidos hasta la fecha son, en su mayoría, poblados fortificados, situados en puntos estratégicos de control del territorio.



La romanización de la zona fue total con la abertura de la vía romana que bajaba desde coll d'Ares por el Collsacabra hasta Vic. Hoy, entre los lugares ausetanos cabe mencionar el Casol de Puigcastellet de Folgueroles.



La introducción del cristianismo, ya bien entrado el siglo IV y durante todo el V, fue un motivo más para reforzar la primacía de la ciudad de Vic y crear una ola de influencia en toda la comarca, hecho que permitió crear parroquias suburbanas como la de Tavérnoles y muchas otras que tuvieron que rehacerse después de la recuperación cristiana de 879, acabada la reconquista contra los sarracenos. La organización definitiva de la comarca de Vic fue obra personal del conde Guifré el Pilós, con una repoblación y reorganización social que promovió la creación de las primeras entidades municipales, como por ejemplo Sant Julià de Vilatorta (885), Savassona (890) o Folgueroles (915), entre las primeras. Así, el condado de Osona quedó viculado al condado de Barcelona desde su origen, pese a que tuvo algunos condes propios, como Armengol I de Osona (939-943). En cambio, el vizcondado sí tuvo una cierta influencia en el patrimonio de Casserres y Savassona.



La acción de los monasterios se hizo notar poco después del año 1000 con ejemplos como el de Sant Pere de Casserres y los alodios de Folgueroles. Tal como demuestran las iglesias románicas de Sant Romà de Sau, Tavèrnoles, Vilalleons, etc., la consolidación del feudalismo hizo nacer y crecer los villorrios de las Guilleries-Savassona. La estructura feudal hacía que la tierra se fraccionase en múltiples pequeñas explotaciones, en las que los campesinos no podían sino malvivir, y los nuevos caserones se construían casi siempre partiendo tierras nuevas o doblando casas antiguas. En todo caso, la zona es lo suficientemente rica en muestras de este asentamiento disperso medieval, hecho que propició la construcción de pequeñas iglesias aisladas, como la de Sant Andreu de Bancells y otras. Así mismo, este aumento de ocupación del territorio sufrió un gran declive con la peste negra, que se inició en 1348 y fue repitiéndose con mayor o menor virulencia a lo largo de todo el siglo XIV. El proceso de formación de las grandes casas solariegas tuvo lugar -a partir de los caserones abandonados- por parte de quienes sobrevivieron a la peste negra y la despoblación.



La Guerra del Remences, entre los años 1460 y 1486, no sólo marcó la etapa feudal, sino que fue el inicio de uno de los latigazos que más afectó a la comarca. El bandolerismo que se inició hacia 1525 fue un fenómeno que tuvo un papel peculiar en la comarca, con figuras casi míticas como Perot Rocaguinarda, que actuó entre 1602 y 1611. También cabe destacar la caza de brujas entre 1618 y 1622, que procesó no menos de 50 mujeres, vecinas de diversos pueblos como Vilalleons.



Las posteriores guerras contra los franceses tuvieron escenarios propios, especialmente en Collsacabra. La oposición de la plana de Vic contra Felip V provocó que los partidarios del archiduque Carles d'Àustria recibieran el nombre de "vigatans". Los largos años de paz que sucedieron a la Guerra de Sucesión y la implantación del sistema borbónico a partir de 1714 permitieron la reanudación del crecimiento demográfico e industrial, así como de las pequeñas industrias, como por ejemplo la de los alfareros de Sant Julià de Vilatorta.



A partir de mediados del siglo XVIII se renovó la mayoría de las iglesias con retablos artísticos como el de Vilalleons y demás. El siglo XIX se inició en tiempos de recesión económica por la ocupación francesa. Los carlistas fueron durante mucho tiempo amos de la montaña, mientras que el valle del Ter se preparaba para un importante desarrollo industrial textil. Mientras, la vida rural iniciaba su declive hacia mediados de siglo y alcanzaba su punto álgido a mediados del siglo XX.



La demanda de energía eléctrica durante los años posteriores a la posguerra contribuyó a iniciar las obras del pantano de Sau en 1958 y configuró el paisaje actual de la región, cuya belleza y singularidad hizo que (en 1963) la Diputación de Barcelona lo incluyera en su catálogo de espacios naturales protegidos, pese a que su protección legal definitiva no se iniciaría hasta finales del siglo XX.