Historia/Ocupación humana


Las características geomorfológicas de las partes altas del macizo de Sant Llorenç del Munt-Sierra de l'Obac, con sus roquedales de conglomerados, son muy poco apropiados para una población y unas actividades humanas estables, por lo menos por la falta de suelos cultivables y de pastos. Sólo en las partes bajas, los dispositivos de aluviones han facilitado el establecimiento del hombre, especialmente en los valles del río Ripoll y de la riera de Arenes, y a medida que se entra en contacto con la llanura vallesana.

Autor: XPN

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A pesar de todo, las zonas más elevadas del macizo, con su profusión de cuevas y grutas, fueron un refugio seguro en el pasado, y prueba de ello son los descubrimientos neolíticos o eneolíticos. Esta ocupación se constata, como mínimo, hasta el siglo V, como lo demuestran las sepulturas excavadas al alcanzar el Collado de Eres con el descubrimiento de la hebilla visigótica y otros elementos postromanos .

Desde el siglo XI hasta el XVII, la historia de la montaña está directamente emparentada con la del monasterio de Sant Llorenç, en la cumbre culminante de la Mola, y con la de los castillos, concretamente los de Mura, ça Pera y Castellar. En estos tiempos resulta ciertamente trascendente para el macizo y su entorno inmediato el establecimiento del monasterio benedictino, así como el incremento de la población -especialmente masías- en las vertientes de la montaña, si bien en el sector occidental (sierra de Pedritxes, Castellsapera, Muronell...) faltan casi totalmente los asentamientos humanos.

Pero, si la diferencia de población entre la montaña y las zonas bajas ha existido siempre, hay que decir que modernamente se ha acentuado con el éxodo continuado de la población rural hacia las poblaciones del llano.

En contraposición a este movimiento migratorio, durante los últimos años las vertientes del macizo se han visto asentadas por la gran expansión de las urbanizaciones, especialmente en la zona vallesana y en los municipios de Matadepera, Castellar del Vallès y Sant Llorenç Savall. Estas zonas residenciales han ocupado las faldas de Sant Llorenç del Munt y la Sierra de l'Obac y se han encaramado hasta los pies de los riscos.